Post etiquetado ‘diablillos con leche para el alma’

8 febrero, 2012

a 1537 horas de un refugio

cientosdemilesde
palabras

se atascan
en el
vortex
entre
el
cerebro
y la
garganta

y en las manos
tal vez
entre ellas
tal vez
entre ambas
también

palabras…
se aglutinan
tanto
hasta quedar como
imágenes
de

oscuridad,
luna
y pajonales

entonces,
la adrenalina corriendo…

23 octubre, 2011

oso polar

polar bear - puscifer

¿aló?

sí, ¿hay alguien ahí?

entonces viene a mi cabeza la canción de pink floyd, is there anybody out there?

soy yo, bueno, yos. o en este caso quien busca en la memoria langustialashuellaslaunasolución…. pero aquella voz se apagó apenas me dijo ¿aló?

es entonces que el tono de colgado empezó a perforarme el corazón de tal forma que quedé flotando en un vacío tan familiar pero peculiar.

las uñas empezaron a rasgar el muro que me separaba de aquel ser tan amado. la panela que me abrigaba en este frio se desvanecía en la saliva de mi boca, mientras el ruido tremendo de la guerra inconclusa se hacía más presente: el profesor ebrio gritaba mientras la oscuridad manoseaba mis entrañas. la muerte me llamaba en cada explosión, el miedo presente en cada temblor.

¡boom!

el narrador ha muerto, sin embargo escribirá una historia de amor que no será contada ahora más en la esperanza por venir, porque el alma es necia y los ojos sordos, los oidos ciegos. pero el corazón permanece con su tacto y este es el motivo por el cual sigo creyendo, porque a pesar que muros sinsentido caigan uno sigue creyedo en que la lucha es el único camino.

adiós tono de cerrado, adiós novecientosonce. que no hay que pedir ayuda cuando uno es el que maneja la ambulancia, cuando uno es el paramédico…
y uno es el del otro lado de la linea imitando el beep beep beep… el mismo que telefoneó envuelto en sangre y llamas, el mismo que se contesta, que tiene la caneca de gasolina a un lado y los fósforos consumiéndose junto a su piel.

juez, jurado y verdugo. y a la vez víctima, victimario y condenado.

cierro el teléfono, me visto de pantalón y chaqueta, y decidó ir salgo a buscarla.

18 septiembre, 2011

raining blood

llueve sangre

(edit: haga clic en la imagen antes de empezar la lectura)

prólogo.
ventisca que se abre paso por la hendija más pequeña del cuarto.
no suelo estructurar con delicadeza las descripciones apenas, sino que el tiempo las va moliendo de palabras a imágenes, de imágenes a símbolos, de símbolos a.

capítulo i.
porque empezar por el a es imposible, llegar, pasar, topar… no, es imposible; rechaza toda simbolización.
por lo tanto, restriego la violencia transmutada en frustración fálica con tanta urgencia y desesperación que hace sonrojar al mismo onán; llueve sangre, voy caminando bajo un cielo tan oscuro conforme las calles se alimentan de pasos, ruido y rojo.

capítulo ii.
morir es necesario, el problema es que el suicidio no es suficiente. algo no calza en esta narración; baja, baja un poco más.
piedras en los zapatos, piedras que salen del llanto, piedras que cantan en su caída libre junto con la sangre. la ley del cielo se resquebraja.

capítulo iii.
no hay climax, ni resolución, ni nudo. hay lágrimas que tocan el piano en la esquina, hay truenos y relámpagos que abren zanjas en los rostros más fieros, en el rictus más amargo, en la mirada más ocre.
camino en este entierro perpetuo.

capítulo iv.
una bala plana de seis centímetros de diámetro impactó mi tercer ojo.
los dragones empiezan a silbar, humo tan oscuro como el cielo se dispersa por la piel de la ciudad, por los órganos de quien la caminan, por las entrañas de mi violencia. camino mientras aspiro el veneno, redundancia cíclica al aspirar morir.

capítulo v.
ya no hay luz. a lo mucho sombras aunque esto sea contradictorio. sé que hace frio pero quién es el que hace sino hay dios, sino hay luz, sino hay.
entonces: frio, pero de tanto caminar estoy sudando, sangre. poros, piel, boca, hasta la saliva y desde mis ojos; bebo un poco de agua, escupo en seguida el vino, me limpio la boca de sangre. que no me vean así mis enemigos, ni mi carencia de amigos.

epílogo.
la irrupción de lo real se abre paso por la hendija de mi sustancia.
a subjectum, la destrucción de mi imaginario y la imposibilidad de acceder a mi simbólico; el antagonismo universal no existe, solo existe a. por lo tanto, restriego mi piel, carne y hueso en ira desatada hacia su centro, con tanta alegría que hace sonrojar al mismo objeto a.

el objeto a

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