Post etiquetado ‘mala literatura’

3 junio, 2012

contradicciones de mi clase media, parte dos

aprovechó que nadie estaba en casa, llegó a su cuarto y encendió un tabaco. siendo algo tan útil para aflojar los esfínteres se fue a sentar en su retrete a esperar que el milagro sucediera. a la final, nada.

con pena y un poco aún de cigarrillo se levantó, apenas se pasó un trozo de papel por el culo y vio su tormento: sangre de nuevo. hemorroides por haber tenido un trabajo pendejo de oficina por un par años. y es que eso era lo peor para ella, no la enfermedad, sino que odiara aquel tipo de empleo de la misma forma que odió trabajar en aquella fábrica cerca de su casa como costurera, subempleada y luego despedida.

no se hizo problema, como casi nunca se lo suele hacer. fue a la ventana por donde casi siempre fuma y al exhalar el humo del cigarro restante e inhalar el frio de la noche, alcanzó a ver una sombra en la casa vecina retratada en las cortinas. se movía, saltaba impulsivamente con un ritmo que delataba lo que sucedía adentro.

el morbo invadió sus entrañas a la vez que la curiosidad. parecía que toda la casa estaba vacía a excepción de aquel pequeño cuarto donde la cortina mostraba más de lo que oculta, donde la media luz que debía alumbrar apenas aquella habitación iluminaba demasiado los ojos de la humilde espectadora. ella dejó escapar un suspiro de anhelo, de frustración, de ansia, de ganas; todo a la vez.

se lamía los labios mientras mataba lo poco que quedaba de tabaco, pensó en tocarse. luego se imaginó lo que podía hacer estando en su casa sola, sus padres no estaban y no iban a estar. ¿y si lo llamaba? fue a buscar su celular para darse cuenta que el nivel de batería estaba por llegar a cero, como su saldo. dejó el teléfono a un lado y metió su dedo índice en la boca, luego lo llevó a su entrepierna, un solo roce. se dijo: mejor no.

no sabía porqué, pero esa noche prefería estar sola a mal acompañada. por más que extrañe el roce de un conocido apenas, de un pseudo extraño, o de un amigo con privilegios, por esa noche, a diferencia de la mayoría, prefirió no llamarlo. apagó las luces de su cuarto, fue a ver una última vez por la ventana a la silueta que saltaba con alegría y parecía estar en un trance sexual inacabable, incansable. se dió cuenta que ya había pasado más de diez minutos y seguía con el mismo ritmo, el mismo movimiento, la misma posición… qué aburrido, se dijo.

entonces le entró la duda, quizá solo era alguien saltando cuerda, o bailando solo, nunca lo sabría y decidió que no le importaría. cerró la ventana, se desnudó y se metió en su cama.

mientras tanto, en la casa vecina, yo llegaba a un orgasmo.

27 mayo, 2012

quemando recuerdos

 

es necesario hacer una limpieza. ver las motas de polvo que se encuentran en nuestro recóndito
y quemarlas…

sí, es mejor dejarlo ir.

qué pena que no haya como quemar a la gente…
quemarse a uno mismo: qué vuelen esas cenizas;
el dolor guardado se hace humo.

12 mayo, 2012

(sín título)

el siguiente es un aporte externo (estimadxs seguidores y lectorxs del blog, son bienvenidos de enviar aportes que caigan dentro de lo que el blog postea, es decir, que sea mala literatura).

7 de mayo, 2012

Esta noche no pinta para ruquear. Merece un trago y par tabacos. No me resentiría si hay una que otra  jalada. Nada más. Que te da fuerza dicen. “Puta, para un bronca, con esa huevada no sientes nada” recuerdo que me dijeron cuando me hablaban de la perica. Y hasta ahora me pregunto: ¿para qué chuchas voy a querer meterme en una bronca en la que no sienta cómo me parten la madre?

Pero esta es una de esas noches en la que dramatizas como la vieja rica y acomodada cuya máxima tragedia es que las amigas se enteren que el marido se las ve hace rato con una mujer que no tiene la clase ni la ropa ni el estilo, ni nada de lo que ella tiene. Pero, al final, se folla al marido.

La vida nunca es la misma. Siempre hay algo nuevo. Pero nos empeñamos en verle la quinta pata al gato. Más claro, nos gusta el melodrama. Si no es el vuelo trascendental de que la vida siempre es una mierda, nos obsesionamos con la tragedia de que nos haya dejado quien amamos. Se fue y ya. Si pasa eso, uno se pega un trago, ensaya par lágrimas, maldice a todo el mundo, se levanta y empieza de nuevo.

Ayer me contaron que se iba y dije, “puta madre, hasta que hizo lo que tenía que hacer”. No porque me tenga cabreado, sino más bien porque siempre fue más inteligente y sabía que yo no era lo que buscaba.

Digo que me contaron porque hace tiempo que dejamos de encontrarnos. Antes, la tenía aquí, bien cerca. Tanto que aunque no estaba, podía jurar que la veía peinarse al pie de la cama, con el dorso desnudo y la espalda morena,  esa espalda en la que me posé más de una noche. Ahora me pasa lo mismo, con la diferencia de saber que soy yo, engañando a las ausencias.

Lo que más extrañaré son sus piernas. ¡Hijue Puta, sus hermosas piernas! Ahí empezaba y terminaba el mundo. Lo demás era cuento.

Mañana hay trabajo. Serán 8 horas de “aplanarse” el culo, escribiendo un par de mierdas que a  nadie le importa pero que aporta lo suficiente para beber a fin de mes. En la borrachera asomará el de siempre a contarme sus penas, que desde hace años son las mismas. Mientras desaparecemos las bielas todo parecerá más soportable y las heridas sangrarán con menos violencia.

Antes todo parecía  tener sentido. Antes todo era tan profundo. Hasta hace unos días me daban ganas de salvar al mundo. Pero la verdad es que todos y todas somos pecadores y al que dicen que vino a hacer el papel de redentor,  lo crucificaron. Es decir, lo que menos necesitamos es que nos salven. Así que basta de pedir misericordia. Los golpes duelen y dejan huella y el que se haya ido hace odiar cualquier esperanza.

Todo fue magnífico, todo. Pero hoy, ese mismo todo, es tan poco frente a su ausencia. Todo esto se me ocurrió, al no encontrar  el trago, los tabacos o la perica.

6 mayo, 2012

contradicciones de mi clase media, parte uno

what song, what home,
what calm or what clarity
can i not quite come to,
never quite see:
this field, this sky, this tree.

- christian wiman, “hard night”

pasaba por una calle desolada de quito, era de noche, y me encontré con una imagen digna de una pintura: un hombre solitario apenas se asomaba por la ventana de un cuarto. la luz naranja del poste lo dejaba ver apenas, estaba fumando mientras observaba a la noche nublada, a los edificios y casas aledañas ya apagadas.

hacía frio, fumaba con algo de premura y se inquietaba por no dejar entrar el humo a su cuarto. era una escena silenciosa, acompañada por la bulla lejana de los carros, por el viento helado de comienzos de mayo, por la chaqueta deshilachada que le daba leve abrigo. saboreaba el humo, lo dejaba salir con pena, como si se desligara de algún amor, como si extrañara algo que se le va en el viento, con cada bocanada y latido.

una música invadió mi mente, una mirada que era sólo suya retrataba todo. aspiraba con delicadeza, mejor dicho, suspiraba mientras inhalaba el veneno que tranquiliza, por unos momentos. la luz naranja se mezcla con la niebla. era de noche y se nota que su cuerpo no ofrece mucho para el relato, solo su mano, sus dedos que se intercambian el tubo de nicotina y el punto rojo intermitente del extremo, sus lentes que parpadean y permiten ver esos ojos cerrados. todo en conjunto con el resto de detalles hablan de su pena.

ya no era un niño, hace mucho tiempo dejó de serlo. aún no era un adulto, hace mucho tiempo que no sabía ni cómo serlo. de tener empleo no andaría penando, de tener un sueldo se mudaría de la casa de sus padres. por eso evitaba que su angustia exhalada volviera a entrar al cuarto, porque sus viejos lo notarían, porque aún sigue siendo un niño, uno que fuma, que folla, que bebe en las calles y maldice en la iglesia. pero ya es un adulto, uno que duerme en sábanas planchadas por su madre, que come de la jubilación de su padre, que aún recita el buenos días y noches cuando entra y sale de su pequeño espacio de libertad, de su jaula de oro privilegiada de clase media.

no hay empleo ni trabajo. toma licor de una botella con tapa roja. posee un pasado obrero y un presente estudiante, es decir, que estudia para nada: para volverse oficinista “blanco” mestizo arribista, o taxista endeudado, o gerente-dueño-administrador de agún local destinado a perecer ante la competencia y terminar trabajando de-cualquier-cosa para pagar el préstamo. o simple desempleado eterno que aún parasita de alguien, de sus padres.

pero la tapa es roja, la del licor, como la punta del tabaco que se le acaba. roja como la ilusión que intermita en su corazón en cada suspiro. la luz naranja y el pasar de la neblina lo desvanecen. la tapa roja promete otras cosas, su sangre del mismo color le dice que ese es el camino: eliminarse, eliminar todo lo que él es, y sólo ser algo que nunca ha sido, algo que no tiene cabida en este espacio, ni en su cuarto, ni en sus sábanas ni en sus cigarrillos, ni en el mundo.

acaba ese suspiro y su mirada (esa que era solo suya) se apaga tras la cortina. toma la botella, el pequeño agujero rojo, la tapa del licor, el filtro que mira la realidad que lo aqueja, los privilegios por renunciar, la lucha interna de clases, la duda de siempre, el todo o la nada.

se esfuma la escena.
yo, me voy a mi casa a hacer lo mismo.

3 mayo, 2012

hoy murió tita

no sé qué pasó…

ahorita sólo sé que existen las lágrimas en el silencio,
esas que uno puede tragárselas y hacer ese gesto ahogado
que parece risa,
pero en donde forzas a que la pena salga en pequeñas gotitas
por la nariz,
por los labios,
por lo ojos, dónde más.

no sé qué pasó,
y quisiera saberlo, pero ya no hay ni cómo preguntar…

está muerta.

y el adjetivo está ahi, golpea,
como su cuerpo en estos momentos al sol.
apenas tenía cuatro años y algunos meses encima.
pequeña criatura de brazos cortos, siempre los levantaba,
sus saludos eran así.

y este recuerdo me detiene unos minutos con un par horas
en medio del río rojo.

fue culpa mía, mi descuido.
¿no me preocupé lo suficiente? padre inconsciente.
ahora mastico el humo de esos errores,
trago su amarga espesura.
hija mía, hija nuestra.

yo ya te vi mal y no hice nada,
cuando vi sangre hace días pensé
que eran las usuales manchas rojas en mi camisa.
y esta mañana te encuentro con las venas abiertas
de par en par.

hija mía,
hija nuestra.

su cuerpo marchito y la savia regándose de entre sus raices,
de entre su vientre y sus ramas… sus hojas tan hermosas,
su verde tan especial,
¡sus brazos, carajo! sus brazos… caidos.
la sangre abierta de par en par.

hija nuestra,
¿qué pasó?

el aire carece y por más que el sol haya salido no hace calor.
¡el aire carece, mierda! y no se puede ni respirar…
me ahogo en este rio bravo y rojo…
mientras el luto se interrumpe por los golpes en la puerta,
la vida está ahí, esperándote, el tiempo no perdona.

el tiempo no
me perdonará.

su cuerpo al sol, las manchas rojas de mi camisa,
su verde tierra ya marchito.
esperaré que su alma se encamine al sol,
recogeré sus partes enfermas y las quemaré,
sus partes sanas regresarán a la tierra.

hija mía,
perdona.

sé lo que es ver
lo más profundo de uno,
el músculo, las venas, los tendones…
el latir.
sé lo que es verse a uno abierto.

doctor,
dígame que no es cierto.

y aunque no sé qué pasó,
puedo decirte
que entiendo
porqué tu sangre…
entiendo porqué te fuiste.

14 abril, 2012

eterno resplandor de la mente inmaculada

agradezco la eternidad encapsulada en este momento,
lo nimio de estas palabras,
y el exquisito gusto deplorable de oirlas recitar en mi mente.

agradezco el elixir extraido de esta puta noche,
el alcohol ingerido en santo ritual,
y su momento de gloria alcanzado, irrepetible, fugaz como nunca y siempre.

agradezco al señor, sí a ese que fue aparición habitual,
al que pagó por el trago y el humo,
al que incluso dio lo necesario para el regreso…

y a la final, aportó a este escrito efímero.
y es que hace tiempo que no escribo…
y no es que necesite alcohol para hacerlo,

apenas se necesita una dosis de vida desvivida,
de angustia reida y lágrimas inhaladas,
de puterios en obligados rituales de cortesía y coquetería.

si a la final todos somos putas,
todos somos santos,
todos somos humanos… y procedemos según nuestra condición,

pero sobre todo,
según nuestra creencia. (eso es lo que creemos)
«qué feliz es la suerte de la vestal sin tacha»

y siendo vestal, me siento afortunada,
en mi eterno resplandor,
de esta mente más que manchada…

inmaculada:
«cada rezo aceptado, cada antojo vencido».

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