aprovechó que nadie estaba en casa, llegó a su cuarto y encendió un tabaco. siendo algo tan útil para aflojar los esfínteres se fue a sentar en su retrete a esperar que el milagro sucediera. a la final, nada.
con pena y un poco aún de cigarrillo se levantó, apenas se pasó un trozo de papel por el culo y vio su tormento: sangre de nuevo. hemorroides por haber tenido un trabajo pendejo de oficina por un par años. y es que eso era lo peor para ella, no la enfermedad, sino que odiara aquel tipo de empleo de la misma forma que odió trabajar en aquella fábrica cerca de su casa como costurera, subempleada y luego despedida.
no se hizo problema, como casi nunca se lo suele hacer. fue a la ventana por donde casi siempre fuma y al exhalar el humo del cigarro restante e inhalar el frio de la noche, alcanzó a ver una sombra en la casa vecina retratada en las cortinas. se movía, saltaba impulsivamente con un ritmo que delataba lo que sucedía adentro.
el morbo invadió sus entrañas a la vez que la curiosidad. parecía que toda la casa estaba vacía a excepción de aquel pequeño cuarto donde la cortina mostraba más de lo que oculta, donde la media luz que debía alumbrar apenas aquella habitación iluminaba demasiado los ojos de la humilde espectadora. ella dejó escapar un suspiro de anhelo, de frustración, de ansia, de ganas; todo a la vez.
se lamía los labios mientras mataba lo poco que quedaba de tabaco, pensó en tocarse. luego se imaginó lo que podía hacer estando en su casa sola, sus padres no estaban y no iban a estar. ¿y si lo llamaba? fue a buscar su celular para darse cuenta que el nivel de batería estaba por llegar a cero, como su saldo. dejó el teléfono a un lado y metió su dedo índice en la boca, luego lo llevó a su entrepierna, un solo roce. se dijo: mejor no.
no sabía porqué, pero esa noche prefería estar sola a mal acompañada. por más que extrañe el roce de un conocido apenas, de un pseudo extraño, o de un amigo con privilegios, por esa noche, a diferencia de la mayoría, prefirió no llamarlo. apagó las luces de su cuarto, fue a ver una última vez por la ventana a la silueta que saltaba con alegría y parecía estar en un trance sexual inacabable, incansable. se dió cuenta que ya había pasado más de diez minutos y seguía con el mismo ritmo, el mismo movimiento, la misma posición… qué aburrido, se dijo.
entonces le entró la duda, quizá solo era alguien saltando cuerda, o bailando solo, nunca lo sabría y decidió que no le importaría. cerró la ventana, se desnudó y se metió en su cama.
mientras tanto, en la casa vecina, yo llegaba a un orgasmo.





