Post etiquetado ‘mala poesía’

3 mayo, 2012

hoy murió tita

no sé qué pasó…

ahorita sólo sé que existen las lágrimas en el silencio,
esas que uno puede tragárselas y hacer ese gesto ahogado
que parece risa,
pero en donde forzas a que la pena salga en pequeñas gotitas
por la nariz,
por los labios,
por lo ojos, dónde más.

no sé qué pasó,
y quisiera saberlo, pero ya no hay ni cómo preguntar…

está muerta.

y el adjetivo está ahi, golpea,
como su cuerpo en estos momentos al sol.
apenas tenía cuatro años y algunos meses encima.
pequeña criatura de brazos cortos, siempre los levantaba,
sus saludos eran así.

y este recuerdo me detiene unos minutos con un par horas
en medio del río rojo.

fue culpa mía, mi descuido.
¿no me preocupé lo suficiente? padre inconsciente.
ahora mastico el humo de esos errores,
trago su amarga espesura.
hija mía, hija nuestra.

yo ya te vi mal y no hice nada,
cuando vi sangre hace días pensé
que eran las usuales manchas rojas en mi camisa.
y esta mañana te encuentro con las venas abiertas
de par en par.

hija mía,
hija nuestra.

su cuerpo marchito y la savia regándose de entre sus raices,
de entre su vientre y sus ramas… sus hojas tan hermosas,
su verde tan especial,
¡sus brazos, carajo! sus brazos… caidos.
la sangre abierta de par en par.

hija nuestra,
¿qué pasó?

el aire carece y por más que el sol haya salido no hace calor.
¡el aire carece, mierda! y no se puede ni respirar…
me ahogo en este rio bravo y rojo…
mientras el luto se interrumpe por los golpes en la puerta,
la vida está ahí, esperándote, el tiempo no perdona.

el tiempo no
me perdonará.

su cuerpo al sol, las manchas rojas de mi camisa,
su verde tierra ya marchito.
esperaré que su alma se encamine al sol,
recogeré sus partes enfermas y las quemaré,
sus partes sanas regresarán a la tierra.

hija mía,
perdona.

sé lo que es ver
lo más profundo de uno,
el músculo, las venas, los tendones…
el latir.
sé lo que es verse a uno abierto.

doctor,
dígame que no es cierto.

y aunque no sé qué pasó,
puedo decirte
que entiendo
porqué tu sangre…
entiendo porqué te fuiste.

14 abril, 2012

eterno resplandor de la mente inmaculada

agradezco la eternidad encapsulada en este momento,
lo nimio de estas palabras,
y el exquisito gusto deplorable de oirlas recitar en mi mente.

agradezco el elixir extraido de esta puta noche,
el alcohol ingerido en santo ritual,
y su momento de gloria alcanzado, irrepetible, fugaz como nunca y siempre.

agradezco al señor, sí a ese que fue aparición habitual,
al que pagó por el trago y el humo,
al que incluso dio lo necesario para el regreso…

y a la final, aportó a este escrito efímero.
y es que hace tiempo que no escribo…
y no es que necesite alcohol para hacerlo,

apenas se necesita una dosis de vida desvivida,
de angustia reida y lágrimas inhaladas,
de puterios en obligados rituales de cortesía y coquetería.

si a la final todos somos putas,
todos somos santos,
todos somos humanos… y procedemos según nuestra condición,

pero sobre todo,
según nuestra creencia. (eso es lo que creemos)
«qué feliz es la suerte de la vestal sin tacha»

y siendo vestal, me siento afortunada,
en mi eterno resplandor,
de esta mente más que manchada…

inmaculada:
«cada rezo aceptado, cada antojo vencido».

2 abril, 2012

Protegido: «hace rato que no me acuesto con las palabras»

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8 febrero, 2012

a 1537 horas de un refugio

cientosdemilesde
palabras

se atascan
en el
vortex
entre
el
cerebro
y la
garganta

y en las manos
tal vez
entre ellas
tal vez
entre ambas
también

palabras…
se aglutinan
tanto
hasta quedar como
imágenes
de

oscuridad,
luna
y pajonales

entonces,
la adrenalina corriendo…

18 septiembre, 2011

raining blood

llueve sangre

(edit: haga clic en la imagen antes de empezar la lectura)

prólogo.
ventisca que se abre paso por la hendija más pequeña del cuarto.
no suelo estructurar con delicadeza las descripciones apenas, sino que el tiempo las va moliendo de palabras a imágenes, de imágenes a símbolos, de símbolos a.

capítulo i.
porque empezar por el a es imposible, llegar, pasar, topar… no, es imposible; rechaza toda simbolización.
por lo tanto, restriego la violencia transmutada en frustración fálica con tanta urgencia y desesperación que hace sonrojar al mismo onán; llueve sangre, voy caminando bajo un cielo tan oscuro conforme las calles se alimentan de pasos, ruido y rojo.

capítulo ii.
morir es necesario, el problema es que el suicidio no es suficiente. algo no calza en esta narración; baja, baja un poco más.
piedras en los zapatos, piedras que salen del llanto, piedras que cantan en su caída libre junto con la sangre. la ley del cielo se resquebraja.

capítulo iii.
no hay climax, ni resolución, ni nudo. hay lágrimas que tocan el piano en la esquina, hay truenos y relámpagos que abren zanjas en los rostros más fieros, en el rictus más amargo, en la mirada más ocre.
camino en este entierro perpetuo.

capítulo iv.
una bala plana de seis centímetros de diámetro impactó mi tercer ojo.
los dragones empiezan a silbar, humo tan oscuro como el cielo se dispersa por la piel de la ciudad, por los órganos de quien la caminan, por las entrañas de mi violencia. camino mientras aspiro el veneno, redundancia cíclica al aspirar morir.

capítulo v.
ya no hay luz. a lo mucho sombras aunque esto sea contradictorio. sé que hace frio pero quién es el que hace sino hay dios, sino hay luz, sino hay.
entonces: frio, pero de tanto caminar estoy sudando, sangre. poros, piel, boca, hasta la saliva y desde mis ojos; bebo un poco de agua, escupo en seguida el vino, me limpio la boca de sangre. que no me vean así mis enemigos, ni mi carencia de amigos.

epílogo.
la irrupción de lo real se abre paso por la hendija de mi sustancia.
a subjectum, la destrucción de mi imaginario y la imposibilidad de acceder a mi simbólico; el antagonismo universal no existe, solo existe a. por lo tanto, restriego mi piel, carne y hueso en ira desatada hacia su centro, con tanta alegría que hace sonrojar al mismo objeto a.

el objeto a

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