las araucarias del centro chismean escandalosamente como viejas de barrio mientras carondelet muere en las ruinas de yawirkakancha.
las piedras aborígenes de casas y edificios gruñen hondo rasgando calles y almas.
el wawa pichincha grita sangre hirviendo mientras la virgen del panecillo es devorada por la serpiente pisoteada.
la respiración de la ciudad es lacrimógena, y del cielo llueven piedras sobre todo policía.
yo mastico panela mientras corro junto a la gente magnicida que alza su voz hacia la plaza de la independencia la cual retiene su nombre.
la pena es que sólo ocurre un día.
* cuento enviado al microquito2…. este es de las pocas cosas que he escrito y me gustan, y ahora me arrepiento haberlo enviado a ese puerco concurso (lo que uno hace por plata).
pd: dedicado a los que lograrán hacer que aquel día carezca de duración.


¡chuccha, dame el billete!, le digo. está asustadito, mira a todos lados en busca de un chapa, tremenda oscuridad que sabe haber en estos rincones de la mariscal. lo veo apenas, sin parpadear. tenemos las mismas sincronías, los mismos dejes nerviosos, es mi perverso reflejo; mi más perverso reflejo.
mis razones sobre esta postura y críticas hacia el “microquito” las expondré en las futuras entradas del blog. por el momento les dejo el pequeño cuento que les mandé a estos manes cual forma de crítica. Los que sepan cómo y dónde fue la primera premiación de los microquito han de cachar mejorrr…
