what song, what home,
what calm or what clarity
can i not quite come to,
never quite see:
this field, this sky, this tree.
- christian wiman, “hard night”
pasaba por una calle desolada de quito, era de noche, y me encontré con una imagen digna de una pintura: un hombre solitario apenas se asomaba por la ventana de un cuarto. la luz naranja del poste lo dejaba ver apenas, estaba fumando mientras observaba a la noche nublada, a los edificios y casas aledañas ya apagadas.
hacía frio, fumaba con algo de premura y se inquietaba por no dejar entrar el humo a su cuarto. era una escena silenciosa, acompañada por la bulla lejana de los carros, por el viento helado de comienzos de mayo, por la chaqueta deshilachada que le daba leve abrigo. saboreaba el humo, lo dejaba salir con pena, como si se desligara de algún amor, como si extrañara algo que se le va en el viento, con cada bocanada y latido.
una música invadió mi mente, una mirada que era sólo suya retrataba todo. aspiraba con delicadeza, mejor dicho, suspiraba mientras inhalaba el veneno que tranquiliza, por unos momentos. la luz naranja se mezcla con la niebla. era de noche y se nota que su cuerpo no ofrece mucho para el relato, solo su mano, sus dedos que se intercambian el tubo de nicotina y el punto rojo intermitente del extremo, sus lentes que parpadean y permiten ver esos ojos cerrados. todo en conjunto con el resto de detalles hablan de su pena.
ya no era un niño, hace mucho tiempo dejó de serlo. aún no era un adulto, hace mucho tiempo que no sabía ni cómo serlo. de tener empleo no andaría penando, de tener un sueldo se mudaría de la casa de sus padres. por eso evitaba que su angustia exhalada volviera a entrar al cuarto, porque sus viejos lo notarían, porque aún sigue siendo un niño, uno que fuma, que folla, que bebe en las calles y maldice en la iglesia. pero ya es un adulto, uno que duerme en sábanas planchadas por su madre, que come de la jubilación de su padre, que aún recita el buenos días y noches cuando entra y sale de su pequeño espacio de libertad, de su jaula de oro privilegiada de clase media.
no hay empleo ni trabajo. toma licor de una botella con tapa roja. posee un pasado obrero y un presente estudiante, es decir, que estudia para nada: para volverse oficinista “blanco” mestizo arribista, o taxista endeudado, o gerente-dueño-administrador de agún local destinado a perecer ante la competencia y terminar trabajando de-cualquier-cosa para pagar el préstamo. o simple desempleado eterno que aún parasita de alguien, de sus padres.
pero la tapa es roja, la del licor, como la punta del tabaco que se le acaba. roja como la ilusión que intermita en su corazón en cada suspiro. la luz naranja y el pasar de la neblina lo desvanecen. la tapa roja promete otras cosas, su sangre del mismo color le dice que ese es el camino: eliminarse, eliminar todo lo que él es, y sólo ser algo que nunca ha sido, algo que no tiene cabida en este espacio, ni en su cuarto, ni en sus sábanas ni en sus cigarrillos, ni en el mundo.
acaba ese suspiro y su mirada (esa que era solo suya) se apaga tras la cortina. toma la botella, el pequeño agujero rojo, la tapa del licor, el filtro que mira la realidad que lo aqueja, los privilegios por renunciar, la lucha interna de clases, la duda de siempre, el todo o la nada.
se esfuma la escena.
yo, me voy a mi casa a hacer lo mismo.


las presentes son grabaciones hechas por el satélite artificial cassini-huygens de la NASA (en el año 2002), el cual se encuentra monitoreando el planeta saturno. los sonidos que pueden escuchar aquí son señales de radio provenientes de saturno, estas señales de radio se encuentran a frecuencias demasiado altas para el oido humano, por lo cual lo que pueden escuchar son los sonidos ralentalizados (27 segundos de grabación corresponden a 13).


